¡Mi hijo está subiendo mucho de peso!

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Imagen: CC0 Public Domain

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. El problema es mundial. Afecta a regiones  de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. Su frecuencia sigue aumentado a un ritmo alarmante. Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siéndolo en la edad adulta, por eso es importante mantener un peso adecuado. Para abordar este tema consultamos con el doctor Luis Ruffinelli, pediatra.

Básicamente, la obesidad ocurre cuando una persona come más calorías que las que el cuerpo quema. Las causas de la obesidad son complicadas e incluyen factores genéticos, biológicos, del comportamiento y culturales. Si un padre es obeso, hay un 50% de probabilidad de que los niños lo sean. Sin embargo, cuando ambos padres son obesos, los niños tienen un 80 % de probabilidad de ser obesos y más aún de padecer a edades tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Si bien, el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades asociadas son en gran medida prevenibles, aún no existe suficiente  soporte en los programas de salud pública local, destinados a  impedir su ritmo creciente.

Epidemia de obesidad infantil

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que la prevalencia creciente de la obesidad infantil se debe a cambios sociales. El aumento mundial del sobrepeso y la obesidad infantil es atribuible a varios factores, tales como:

  • El cambio dietético mundial hacia un aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos con abundantes grasas y azúcares, pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes saludables.
  • La tendencia a la disminución de la actividad física debido al aumento de la naturaleza sedentaria de muchas actividades recreativas, el cambio de los modos de transporte y la creciente urbanización.
  • La obesidad comúnmente comienza en la infancia entre las edades de 5 a 6 años y durante la adolescencia. Los estudios han demostrado que el niño que es obeso entre las edades de 10 a 13 años tiene un 80 % de probabilidad de convertirse en un adulto obeso.

El problema es social y por consiguiente requiere un enfoque poblacional, multisectorial, multidisciplinar y adaptado a las circunstancias culturales. Al contrario de la mayoría de los adultos, los niños y adolescentes no pueden elegir el entorno en el que viven ni los alimentos que consumen. Asimismo, tienen una capacidad limitada para comprender las consecuencias a largo plazo de su comportamiento. Por consiguiente necesitan una atención especial en la lucha contra la epidemia de obesidad.

¿Cuáles son los riesgos y complicaciones de la obesidad?

Hay muchos riesgos y complicaciones debidos a la obesidad. Las consecuencias físicas incluyen: Mayor riesgo para padecer enfermedades del corazón, presión arterial elevada y mayor acumulo de grasas en la sangre (colesterol, triglicéridos), diabetes tipo 2, resistencia a la insulina, problemas  respiratorios, dificultades con el sueño, problemas articulares (rodillas, cadera, columna, tobillos) y un alto riesgo de tener  algunos tipos de cáncer en el futuro.

La obesidad en los niños y adolescentes está también asociada con un aumento en el riesgo de problemas emocionales.

¿Cómo manejar o  tratar la obesidad?

Si bien, la  obesidad es una de las condiciones médicas más fáciles de reconocer, aún su tratamiento sigue siendo  uno de los más  difíciles.

El  pediatra o médico de familia debe descartar, en primer término, la posibilidad de una causa orgánica. En ausencia de ella, podría solicitarse el apoyo de la nutricionista infantil, quien orientará sobre cómo reducir las calorías  y optimizar la actividad física del niño o adolescente, alentar  sobre  hábitos saludables  de alimentación en el entorno familiar así como cambios en general en su  estilo de vida.

Iniciar  un programa de control del peso, cambiar los hábitos de alimentación (comer despacio, desarrollar una rutina), planificar las comidas y realizar una mejor selección de los alimentos, consumir menos alimentos grasosos y evitar aquellos de poco valor nutritivo tales como, las bebidas azucaradas  con o sin gas y comidas rápidas.

Se recomienda:

  • Controlar la reducción de las porciones y aumentar la actividad física (especialmente el caminar) y tener un patrón de vida más activo. Comer con la familia.
  • Limitar al mínimo la televisión y la computadora.
  • Nunca utilizar los alimentos como premio. Limitar las meriendas y si es factible,  llevar al niño  a compartir con  grupos de apoyo.

Es prudente recordar que si no se frena a tiempo la obesidad se convertirá en una enfermedad crónica, situación  que se tendrá que manejar toda la vida. El éxito del tratamiento depende de la  detección precoz y  del  apoyo familiar. Con ello se evitará el tremendo  daño físico y psicológico que arrastrará en el futuro aquel niño con sobrepeso que se transformó en un adulto obeso.

 

Dr. Luis Ruffinelli | Pediatra | Reg. N° 2442